LA GUERRA DE VALLECAS
Por Juan Antonio López Sánchez IES Madrid Sur
Bajo el suelo estaban el topo y la lombriz juntos en la oscuridad.
-¿Te has enterado ya, lombriz? -preguntó el topo. -¿De qué? -preguntó la lombriz. -De el atentado que ha habido en Vallecas. -Sí, qué desgracia.
Hablaban de el atentado que hubo en Vallecas por el 2.004, conocido como "Los trenes de la muerte". Todo el mundo se lo tomó como un simple atentado, pero no sabían cómo iba a acabar. Dos meses después de ese atentado, hubo otro mucho más brutal. La gente empezó a alarmarse, y los animales también. Vallecas empezaba a ponerse en alerta. Los trenes apenas se utilizaban, muy poca gente salía a 1a calle pues no se sentía segura.
Por otro lado, la banda terrorista autora de la masacre estaba en su guarida, reunida y planeando nuevos atentados. Sus objetivos eran vaciar Vallecas y conquistarla entera. Su plan estaba saliendo bien.
En Vallecas se reforzó la seguridad hasta el punto en el que, para pasar al tren o a otros medios de transporte, te revisaban todo por si llevabas armas o explosivos. Estos controles tranquilizaron un poco a la gente. Al mismo tiempo, la banda terrorista reforzaba los explosivos e inventaba técnicas para ponerlos sin problemas.
Un día, los vallecanos recibieron una carta de la banda terrorista, que decía que si no les dejaban su territorio y sus riquezas para ellos, provocarían más atentados. Los vallecanos no hicieron mucho caso a esto, y no hicieron lo que los terroristas dijeron.
Hubo un tercer atentado. Los vallecanos se lo empezaron a tomar con mucha seriedad. La gente empezó a tener mucho miedo, y las calles estaban casi vacías. Los vallecanos iban en picado, y los terroristas se los iban comiendo, por decirlo de alguna manera. Llegó una segunda carta que decía que no iban a parar de poner bombas hasta que no les dieran el territorio vallecano. Los vallecanos no se lo tomaron en broma, pero tampoco daban su brazo a torcer. Hubo otro atentado. Los vallecanos empezaron a cabrearse y se reunieron, planteándose soluciones para acabar con la banda terrorista, pero lo tenían muy complicado. Las soluciones eran o muy fuertes para toda la población, o no eran efectivas. El caso es que no había soluciones que les gustaran, y los terroristas seguían con los atentados.
Llegó una carta más, que iba a ser la última. Los terroristas decían que si no les daban el territorio, que eligieran atentados o guerra contra ellos. Les dieron un día para que se lo pensaran. Los vallecanos eligieron guerra, y hubo una guerra brutal. Todo el ejército español se concentró en Vallecas, y esperaron la llegada de los terroristas. Dos horas después los terroristas estaban allí.
Comenzó la guerra. Los terroristas no paraban de tirar granadas, y las calles estaban llenas de tanques del ejército. En un momento, montaron una humareda que no dejaba ver nada, y había un ruido muy dañino para los oídos.
Fue una guerra que al final iba a ayudar a los vallecanos a acabar con los atentados, pero en ella también murieron españoles.
Empezaron en Palomeras Bajas, dejando las canchas y los campos de fútbol llenos de cascotes. Las porterías y las canastas estaban por los suelos. El centro cultural Paco Rabal sirvió de refugio, al igual que el colegio Palomeras Bajas y el colegio e instituto Madrid Sur.
Luego fueron a Eroski, donde empezaron a romper cristales de escaparates, a tirar mesas y sillas de los bares y restaurantes, y algunos subían a los cines para hacer de francotiradores. También estuvieron en el parking. Había ruedas, cristales, faros... y dejaron eso totalmente a oscuras, pues se cargaron todas las luces. Después fueron a San Diego, hacia la estación de Entrevías. Empezaron a caer las cornisas, las tapias empezaron a derrumbarse. La vía no se veía porque estaba tapada por los escombros.
A continuación fueron a Puente Vallecas. La gente se escondía en los árboles del Bulevar, y las palomas que suele haber, desaparecieron en un momento espantadas por el ruido y los gritos. La estación de autobuses de Puente Vallecas fue un lugar idóneo para esconderse y tirar granadas. La gente se escondía en los autobuses que había aparcados, y se rompieron todos los cristales por los disparos.
Volvieron a la Asamblea, y no se sabía quién iba a ser el vencedor de esa guerra. Estaban muy igualados, y pensaron que en la Asamblea podrían hacer un buen desempate, así que continuó la matanza. Los vallecanos estaban muy asustados, y se imaginaban qué ocurriría si ganaran los terroristas. Serían conquistadores de Vallecas, a los vallecanos que no hubieran muerto les tendrían trabajando como esclavos, les quitarían todas sus posesiones y sería su ruina final.
Ya iban quedando pocos en la guerra y se acercaba su final, en el que se descubriría al ganador. Los dos bandos luchaban como locos, pero los del ejército eran los que le echaban más ganas e ímpetu. Eran los que merecían ganar, pero no estaba muy claro cómo iba a finalizar eso.
De repente se empezó a ver cómo, poco a poco, los terroristas iban perdiendo la guerra, y los vallecanos les dijeron que paraban la guerra si les dejaban en paz con los atentados, pero los otros rechazaron la oferta, y siguió la guerra. Los terroristas siguieron decayendo, pero no querían retirarse. Al final, ganaron los del ejército. Todos los vallecanos empezaron a gritar de alegría y a cantar.
El ejército volvió a sus cuarteles, y celebraron una fiesta por la victoria.
Poco a poco, se empezaron a restaurar los desastres causados en Vallecas, y las calles estaban llenas de decoraciones y carteles que decían cosas como: "ESTA ES NUESTRA VICTORIA Y SALVACIÓN" o "HEMOS ACABADO CON EL TERRORISMO".
El miedo de los vallecanos desapareció por completo y desde entonces ha dejado de haber atentados en esa zona.
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Este cuento obtuvo el 3º premio en el Certamen “Vallecas Calle del Libro /Libreria Muga” 2004
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