LA MUERTE PERFECTA
Por Ainhoa Ortiz García IES Arcipreste de Hita
En un lugar de Vallecas, de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía una hermosa mujer de las de paño en mano, delantal ya viejo, gato gordo y mastín muy vago. Esta mujer a pesar de ser guapa, vivía sola y sin compromiso alguno. Tenía treinta años, aunque parecía una moza de veinte. Era un ama de casa estupenda pues su casa siempre estaba reluciente. A pesar de limpiar tanto, siempre tenía tiempo para ella. Salía a pasear a dar comida a las palomas. Ya desde hacía un tiempo notaba como si alguien la siguiera, la observara y unas veces sentía miedo y otras halago, pues a lo mejor ese hombre solo quería conocerla y amarla. Siempre imaginaba a su príncipe, aunque nunca llegaba. Un día estando ella en su casa vio como una sombra se movía detrás de la ventana. No le dio mucha importancia pues supuso que eran las cortinas. Siguió con su faena pero volvió a escuchar un ruido y se asustó. -¿Quién anda ahí?-dijo. -No tengo nada de valor, por favor váyase. Entonces se quedó unos segundos paralizada. Al no oír ningún otro ruido, se aproximó a la ventana y se asomó. Miró hacía un lado, hacía otro, pero no vio nada. "Que extraño" pensó. Cerró la ventana y siguió a lo suyo. Al día siguiente ya no lo recordaba, pero a la misma hora pasó exactamente lo mismo. Esta vez decidió encerrar al gato para que no se escapara y coger al perro para acompañarla fuera y ver quien era ese señor o señora que la perseguía y ahora llegaba hasta su casa. Le costó sacar al perro pero lo consiguió. Cuando salió fuera allí no había nadie. Dio una vuelta al bloque y como no vio nada se metió en su casa otra vez. Puso la televisión. En las noticias la periodista informó de que un psicópata andaba suelto y que según los informes de la policía el asesino estudiaba a sus víctimas antes de matarlas. Aconsejó que si se oía algún ruido lo único que se tenía que hacer era cerrar puertas y ventanas, y, sobre todo, no salir a la calle. En ese mismo instante supo que ella era la siguiente. Al caer en la cuenta de que había hecho todo lo que no se debía hacer se echó a llorar esperando su muerte pues sabía que de esa noche no pasaba; sabía que no llegaría a la mañana siguiente. Lo primero que hizo fue asegurarse de que todas las habitaciones estaban vacías, aunque reconocía que era un gesto tonto por su parte, pues si el asesino estaba allí según abriera la puerta la mataría. A ella ya la daba igual pues sabía que tenía que morir tarde o pronto. A cada habitación que abría suspiro daba. Tras comprobar que no había nadie en ninguna habitación se dirigió al salón. Cuando iba abrir la puerta escuchó un ruido y decidió darse la vuelta lentamente y salir a la calle, porque sabía que el asesino estaba dentro de la casa. Un problema se presentó ante ella, la puerta estaba cerrada. "¿qué hago ahora?" pensó. Entonces giró noventa grados y corrió a esconderse a la cocina. Se metió dentro del carro de la compra, entonces pensó en sus dos mascotas "oh! No". Salió a toda prisa y de puntillas entró en el baño. Dentro de la bañera estaba su mastín, no tenía ningún rasguño, debajo del perro estaba su gatito vivito y coleando, también. Esto la tranquilizó bastante, así es que se los llevó a su cuarto y por una ventana chiquitina que se comunicaba con las demás casas los empujó. Tiró una piedra a la vecina de al lado que se llevaba muy bien con ella, la vecina abrió su ventana y al ver a los animales allí se los pasó a su casa. No se extrañó porque había veces que cuando su vecina no estaba, las mascotas se saltaban por la ventana para que la vecina les diera de comer y les acogiera en su casa. Ya estaba más tranquila, lo hubiese estado más de no ser por aquel intruso. No sabía que hacer, tampoco se explicaba como aquella persona no la había matado todavía, la casa no era grande y ella hacía bastante ruido, con lo cual ya tenía que haberla encontrado. Estaba aterrorizada no podía ni moverse; sólo podía pensar en lo que ese psicópata podía hacerla, de qué forma la mataría. Pero a la misma vez pensaba que por qué tenía que ser precisamente ella, si no se metía con nadie. Se iba a morir sola sin nadie a su lado, no le iba a dar tiempo ni a buscarse una pareja. De repente un ruido en el salón la sacó de sus pensamientos más profundos y la paralizó todavía más. Fue un ruido bastante familiar, era el ruido que emitía una persona cuando se caía. Al no oír nada más pensó que el asesino se había quedado inconsciente y corrió hacía el salón, cuando entró encontró a un hombre tirado en el suelo. Tenía una brecha en la cabeza. Le cogió y le llevó a su dormitorio a coserle la brecha. Una hora después el hombre se despertó notó el cosido de la cabeza, vio a su víctima delante, muy asustada y le dijo: -¿Por qué me ha curado si he estado a punto de matarla? -Porque es una persona y no podía dejarla desangrarse. -Ya, pero yo si la venía a matar. -Todos no somos iguales. -Bueno gracias por curarme, no la mataré pero tiene que aparecer muerta. -¿Por qué? y ¿por qué tenía que matarme? -Porque me lo encargó mi jefe. -¿Es usted un asesino a sueldo? -Sí -¿Quién le mandó matarme? -Siento decirle esto, pero fueron sus padres. -¿Qué? Yo no tengo padres, soy huérfana. -Por eso mismo, ellos la abandonaron. Y ahora no quieren que se sepa porque son muy importantes, sus padres son estos. Entonces el asesino le enseña una foto de un importante político y su mujer. -¿Por qué no me ha matado antes? -Porque la he estado siguiendo unos días y he observado que es usted estupenda y muy guapa, y que no puedo hacerle esto. -Y ¿lo del psicópata de la televisión? -Es todo un montaje para explicar su muerte. -Y ahora... ¿qué vas a hacer? -Tú coge tus mascotas y huye fuera de este país lo demás déjamelo a mi. Entonces silbó y su mastín saltó por la ventana de la vecina y se metió en casa con el gato encima. Huyó a Francia. Un día después de estar allí recibió una carta con un millón de euros y una carta en la que "su asesino" le decía que pusiera las noticias y que se fuera a un hotel en el que había reservada una habitación a su nombre. Cuando llegó al hotel vio que era de lujo y que tenía pagados doce meses de estancia allí con pensión completa. Al subir a la habitación puso las noticias y vio su casa quemada con ella y sus mascotas dentro. Cuando entró en el salón se encontró que había un hombre de espaldas dentro. Cuando se dio la vuelta vio que era "su asesino". -Gracias por todo don... -Félix, me llamo Félix. Y usted señorita -Ana y creo que este va a ser el principio de una buena amistad.
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Este cuento obtuvo el 2º premio en el Certamen “Vallecas Calle del Libro /Libreria Muga” 2004
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