EL
TARRITO MALDITO
Por Javier Huertas Tato Colegio Santo Ángel de la Guarda ¡Qué día, aquel primero de marzo! ¿No se por qué me desperté? ¡Con lo tranquilo que estaba! Hasta que ese día tan normal (y aburrido) como siempre, en el cole. Al salir de él encontré un extraño cartel que decía: Tarros-5 cents. Solo en Ahorramás el súper del barrio. Y como yo miro mucho el céntimo entre en el súper, porque no me fiaba de lo que me pudieran vender, y compre un tarro muy práctico. Con este hecho fatídico comienza mí historia con el maldito tarro de 5 céntimos: El tarro de las narices lo use papa meter mis cosas del cole, pero al volver a casa estaba todo por los suelos. Al verlo dije: -Como pille a uno que yo me se. Ese "uno" bajo por la escalera, y entonces le hice "el cuchí-cuchí" (cosquillas) y por poco se mea encima de mí, vamos, que se partió de risa. Ya escarmentado (creía) paso un día y otro día y otro y otro y muchos otros más. Seguía encontrando mis cosas por los suelos. Seguía estando enfadado, pero ahora con papá, porque como no es un manitas, sino un manazas, sospechaba de él. Parecía que como estuvo recortando una hoja de papel con hacha (bueno no le vi, pero seguro que lo hizo) entonces se le fue la mano, y adiós, pinturas tiradas por los suelos. Cuando las deje recogidas, me di la vuelta un buen ratito, papa mis asuntos (tareas, jugar y trastear con mí hermano) las pinturas, estaban de nuevo por los suelos. Otra vez mi hermano, seguro que me había gastado otra bromita de las suyas, el muy cansino. Y ya me puse bastante molesto, con tanta bromita de mal gusto, dentro del tarro le puse un poco de pegamento para cuando metiera la mano se quedara pegado. Al día siguiente al volver del cole ¡de nuevo estaba todo por los suelos! Al final opte por la única solución que veía, fue quitar las pinturas del bote, y meterlas en otro lugar. Sí lo de antes te parecía extraño, lo que sucedió después fue raro, raro, raro. Resulta que de ese otro lugar, las pinturas y todo lo que tenía dentro, también me lo encontré todo por los suelos. Pasados unos días, pensaba sobre lo que estaba pasando, no tenía ni idea, hasta las camas por los suelos, o por ahí andaba la masa (Hulk) o... vaya usted a saber. Mas tarde mientras hacía la tarea, se me fue el codo y se me cayó el tarro (el tarro de meter cosas, no la cabeza), fui a pedir ayuda para que me lo arreglaran. Cuando volví de pedir ayuda, resulta que el tarro estaba arreglado. Era increíble, yo ya decía que mí madre era la bruja Piruja, pero eso ya era el colmo de los colmos (perder un imperdible). Ese tema tenía gato enchironado. Yo creía que se podía devolver (el tarro, por supuesto), pero recordando en mí genial memoria debajo del precio del tarro ponía: imposible la devolución pasado medio segundo de su compra. Entonces lo tiré al mar (no hagáis esto nunca). Pensaba que el tema había acabado, el tarro fue directamente a una red de pescadores y de ahí al Ahorramás, mí madre fue y como le pareció práctico, lo compró y de ahí a las garras de mí hermano, pensaba bien, mí hermano destrozaría el tarro una y otra vez hasta el fin de los tiempos. Todas las personas que salen en este cuento son ficticias y no tienen nada que ver con la realidad (eso quisiera yo). * * * * * * Este cuento obtuvo el 1º premio en el Certamen Vallecas Calle del Libro /Libreria Muga 2004 |